dilluns, 20 de juliol del 2009

Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982)


El concepto de coherencia estilística y temática, es fácilmente atribuible a la filmografía de Ingmar Bergman. A diferencia de otros grandes directores como Stanley Kubrick, cuyo sello personal era difícilmente reconocible en sus filmes -abarcando una gran variedad de recursos y géneros-, Bergman siempre ha mantenido una línea argumental en su cine, con una serie de obsesiones y personajes comunes. En la pareja joven e inocente de Un Verano con Mónica subyace de un modo incipiente la visión traumática de la vida conyugal que Bergman exploró en muchos de sus films. Esto, se explicitó de un modo claro en Secretos de un matrimonio y más adelante a modo de epitafio en Saraband e Infiel –de la que escribió un guión que anticipaba muchas de las reflexiones sobre la vejez y el arte de Saraband pese a dirigirlo su ex mujer Liv Ullman-. La influencia y la fascinación de Bergman por el teatro, se materializa en Sueños, La flauta mágica, De la vida de las marionetas y En presencia de un clown. La religión o la fascinación de Bergman por la trascendencia, por un ente o presencia superior se visualiza en El manantial de la doncella y El séptimo sello. Son solo algunos ejemplos de la continuidad que el director sueco impregnó a sus películas, seguramente debido a una infancia y juventud que marcaría al cineasta durante toda su vida. En su autobiografía, Linterna mágica, el director de Persona escribía acerca de cómo su padre, pastor protestante, supuso una figura traumática para su infancia y como llegó a despreciarle durante toda su vida hasta el lecho de su muerte.


Fanny y Alexander representa algo parecido a una rapsodia para todo lo anteriormente dicho. Bergman declaró que esta sería su última película, hecho que mantuvo a medias, puesto que posteriormente siguió trabajando para proyectos de televisión y como guionista, poniendo la guinda en el pastel de su filmografía, una coda donde el tono se vuelve más reflexivo aún, más pausado y menos punzante. A bien seguro que esta declaración fue un hecho premeditado, para nada precipitado o forzado. Fanny y Alexander se construye sobre los pilares que habían acompañado sus anteriores películas, recopilando sus obsesiones e incluso yendo más allá al transmitir a las imágenes un aire autobiográfico. Confluyen la figura autoritaria de la figura paterna, el amor por el teatro, la pesadumbre de la religión, la incompatibilidad en las relaciones de pareja, la fascinación por un realismo mágico, la muerte y muchas otras temáticas afines al autor.